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Nuestro Compromiso Eclesial con PUERTO RICO PDF Imprimir E-Mail

Imagepor Rvdo. Esteban González Doble
Pastor General
Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico

La Iglesia existe en la sociedad para acompañarla y modelarle un estilo de vida que le permita a los pueblos alcanzar sus aspiraciones e ideales. Esa es su responsabilidad social primaria. Sin embargo, la Iglesia, como cualquier otra realidad compuesta de seres humanos, está sujeta a los malestares y ambivalencias que estos sufren. Es por eso, que hemos visto que en muchas ocasiones se desprenden acciones por parte de sus integrantes que no corresponden a lo que en esencia la Iglesia es y tiene que seguir siendo. A pesar de ello, la Iglesia vive constantemente en un proceso de reflexión que toma en cuenta las necesidades profundas que enfrenta todo ser humano y las atiende, utilizando como criterios los valores del Evangelio que profesa. Desde esta perspectiva, la Iglesia entonces es afirmativa, es orientadora, es correctiva y es solidaria, funciones inherentes a su naturaleza. La Iglesia puertorriqueña no se escapa a esta realidad, porque dentro y desde su diversidad existe un principio común que la mantiene vinculada a las situaciones que diariamente nuestro pueblo enfrenta y ese principio común es el bienestar social, moral, físico y espiritual de las personas. Independientemente de las diferencias en enfoques y en estrategias, lo cierto es que la Iglesia tiene una responsabilidad indelegable de proclamar un Evangelio que sea útil para servir a las necesidades apremiantes que enfrentamos y que permita a su vez tener una palabra de esperanza constante para un Puerto Rico que está inmerso en un derrotero actitudinal y de acción sumamente peligroso, no sólo para la generación presente, sino para las venideras. Es como parte de esa reflexión responsable que la Iglesia se ubica en el centro de la historia y la analiza para tomar las decisiones que correspondan y afirmen su pertinencia en la sociedad. Como parte de esa Iglesia universal, está la nuestra, La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico. Hace ya 106 años que estamos ubicados en esta Tierra esforzándonos, junto al resto de la Iglesia en este país, para que las condiciones de vida de nuestra gente cada día mejoren, no solamente en el aspecto espiritual, sino en el aspecto social, que es tan necesario para que ambas realidades entren en un nivel de convergencia saludable para nuestro desarrollo. Durante este tiempo hemos visto cómo Puerto Rico ha ido evolucionando positiva y negativamente en diversas áreas de su vida. Hemos visto cómo la contribución de la Iglesia ha sido determinante en la creación de escenarios de vida. También la Iglesia ha sido parte del silencio que nunca ha debido existir cuando la injusticia, los atropellos y el deterioro moral se ha apoderado de momentos específicos en nuestra historia. Algunos han querido que la voz de la Iglesia se mantenga enclaustrada en los púlpitos, otros han hecho del púlpito una tribuna política y otros han llevado un discurso religioso a los escenarios políticos donde las premisas operacionales no proveen para un buen entendimiento de dicho mensaje. De todo ello, somos responsables, pero, por otro lado, es insoslayable la responsabilidad que la Iglesia tiene de entrar en el momento histórico que estamos viviendo y llevar una palabra de aliento a nuestro pueblo y de denuncia a todo el liderato político o de la naturaleza que sea, que insista en la agenda de polarización, fragmentación, violencia verbal, imposición y mal manejo del privilegio de servir, que está desnaturalizando a nuestro País. Es muy preocupante que un pueblo como el nuestro, que se distingue por ser hospitalario, amoroso, solidario y por tantas virtudes más, se vea sometido a producir titulares noticiosos tan desarticulados y disonantes como los que generan las acciones de un grupo minúsculo de personas que en el mal uso del privilegio otorgado por este pueblo para servir, alcanzan notoriedad y cercenan la integridad y la reputación social y pública del pueblo puertorriqueño ante el mundo entero. Es hora ya de que Puerto Rico se levante y resplandezca por lo que es y no por lo que algunos proyectan de forma incorrecta. Es cierto que tenemos una serie de desafíos sociales, morales y espirituales que atender, lo que no es cierto es que se nos proyecte como personas con incapacidad para la comunicación, para afirmar la unidad, para superar las crisis que históricamente el mundo vive y que Puerto Rico no es la excepción. Nuestra historia refleja que somos un pueblo con voluntad para superar crisis y ésta es una de ellas y la Iglesia existe para afirmar a nuestro pueblo en esa gesta maravillosa de cambio y transformación que necesitamos todos. La agenda es del pueblo de Puerto Rico, no de los políticos de turno. Tenemos que levantarnos en oración y con la fortaleza que proviene de Dios para mantener el entendimiento claro y de una vez y por todas trabajar utilizando como criterio el bienestar de Puerto Rico, más allá del discurso, sin pretender que somos portadores absolutos de la verdad o de la estrategia que nos permitirá lograr nuestras aspiraciones y sueños. La oración es un cambio de actitud, es una vinculación directa al Dios de todos los seres humanos, es una relación de interdependencia con el prójimo. Esta produce un efecto multiplicador, capaz de transformar cualquier circunstancia o situación por adversa que sea, en un espacio de crecimiento, mejoramiento y desarrollo que construye fundamentos para la creación de nuevos espacios y entendimientos. Es fundamentado en esto, que La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico se reafirma en: Reconocer la presencia de nuestros hermanos y hermanas que militan en otras congregaciones, como creyentes que afirmamos verdades comunes a favor de nuestro pueblo, entiéndase, evangélicos, pentecostales y católicos, que aunque con nombres distintos, sostenemos el principio común de Jesucristo, como el Señor de la vida. Sostener nuestro compromiso social con Puerto Rico, que se manifiesta en los proyectos sociales, academias y centros de educación familiar, como parte de los escenarios en donde con mayor intencionalidad y firmeza debemos provocar la reflexión seria y analítica de los males que están aquejando a nuestro pueblo. Revitalizar el entendimiento de la libertad de conciencia que confiere el Evangelio como fundamento para alcanzar la verdad que nos hace libres para vivir y actuar conforme a los valores éticos y de crecimiento moral que nos provee la experiencia de primera mano con Dios. Fortalecer nuestros programas de educación para que nuestro principio de desarrollar una conciencia crítica que anal ice la realidad, produzca una acción cónsona con lo que somos y no contaminada por las interferencias y postulados político-partidistas tan descriptivos del momento que vivimos. Unir nuestra voluntad y respaldo a toda gestión que se produzca en nuestro pueblo y que tenga como propósito principal detener la ola de atropello, insulto, violencia, laceración de la dignidad de los seres humanos, imposición, intimidación, parálisis gubernamental y legislativa que estamos padeciendo y cuyas nefastas consecuencias no alcanzaremos a ver en esta generación. Orar activamente por nuestro País y por el liderato de turno que no alcanza el milagro de la convergencia para que sea Dios quien intervenga con misericordia y corrección, transformando nuestra realidad insostenible y permitiendo que juntos podamos dejar a un lado nuestros intereses personales para que brille la voluntad colectiva de un pueblo, que desea caminar por el sendero luminoso de la concordia, la armonía, la paz y el bienestar que todos necesitamos. Este se constituye en nuestro compromiso renovado como una Iglesia que ha vivido lo suficiente para levantar su voz de alerta porque sabe que el camino por donde vamos no es el correcto y acarreará males y situaciones que podrían tornarse insuperables porque reflejan total ausencia de Dios. También representa el compromiso de una Iglesia que ha visto la misericordia de Dios manifestada en medio de los pueblos que han consagrado sus intenciones, agendas, aspiraciones, sueños y su voluntad de pueblo a Él, buscando su auxilio y permitiendo que éste se manifieste por medio de la  transformación del entendimiento humano y del cambio de actitud que requiere el milagro que Puerto Rico desea y necesita. ¡Así nos ayude Dios!


¡Dios te bendiga Puerto Rico!


Iglesia  Cristiana ( Discípulos de Cristo ) en Puerto Rico

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