EL Campamento Morton es una entidad de Ia iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico y opera sin fines de lucro. Lo que obtiene por sus servicios, aparte de los gastos de operación, lo reinvierte en mejoras y cómodas facilidades para sus usuarios.
Estarnos hablando del lugar perfecto para ese retiro que tenía en mente para su iglesia a precios sumamente módicos.
Lo mismo se recibe un grupo para disfrutar de todo el Campamento que dos grupos, en cuyo caso, celebrarían sus programas deforma independiente con acceso a todas las facilidades.
“Dios nos concedió el privilegio de hacernos creadores asociados con El; somos sus colaboradores y le ayudamos en su creación. De la pequeña rosa silvestre el hombre desarrolló la rosa grande que adorna nuestros jardines... No hay maldad en el mundo que el hombre no pueda corregir si es que acepta ser un colaborador de Dios...” Así hablaba el Dr. Morton con intensa convicción evangélica. Por haber decidido ser un colaborador de Dios, vino a Puerto Rico junto a su esposa (Selah Beam) en el año 1923.
Por los años ´30 el Dr. Morton y su esposa conciben la idea de crear un Campamento de Conferencias de verano. La Misión había comprado a principios de siglo tres cuerdas de tierra en Dajaos Abajo. Allí el Rvdo. V. C. Carpenter había edificado una casa que se usaba como casa pastoral de la Iglesia en Dajaos Arriba. Los Morton deciden levantar en ese pequeño predio un lugar de retiro, de estudio, de adoración y de recreación para la membresía de nuestras iglesias. Con un donativo de $415.23 que envió la Sociedad Misionera, empezaron a construir. Eran los años de la depresión económica y no había dinero. La crisis era tal que la Misión había decidido vender por $1,100 la propiedad de Dajaos Abajo. Morton dice que nunca lograron vender. Al abrirse el Campamento, aunque con facilidades limitadas, se creó un entusiasmo enorme. “Más personas querían venir y no había cabida para todos”, dice Morton. Había que mejorar el Campamento pero no había dinero. “Entonces yo me puse a orar y le dije al Señor, -´Señor, no hay dinero para hacer lo que es necesario hacer.´- El Señor me tocó en el hombro y me dijo: ´Sí hay dinero. Tú tienes una póliza de seguro de vida que vale $4,200. Cóbrala e invierte el dinero en el Campamento.´ Me levanté de mi oración y eso hice. Desde entonces no he tenido seguro de vida y no lo he necesitado.” Así surgió McLean Conference Grounds, nuestro primer Campamento y el primero en el campo evangélico en la isla.
“Mrs. Morton amaba las flores. Ella trabajó duro sembrando flores e hizo de McLean el lugar más hermoso de Puerto Rico”, dice Morton. Fue así como McLean se convirtieron en un paraíso de verdor y frescor. Allí encontraron muchos jóvenes su llamado al ministerio. Muchos encontraron a las que hoy son sus esposas, otros muchos encontraron un nuevo llamado de Dios a la vida cristiana. Los años de mayor esplendor de McLean fueron 1938 al ´46. Los Morton salieron en ese año. Después de su salida el Campamento sirvió por veinte años más.
Hubo que tomar una decisión dolorosa: deshacernos de McLean. En el 1965 se celebró allí la última actividad. En el 1970 se vendió la propiedad después de haberse adquirido la finca actual de Barrancas.
Morton, hombre de visión, ha aceptado el sacrificio de que nos deshiciéramos de aquel lugar en que él y su compañera pusieron tanta vida. El Campamento Morton se dedica a este hombre que, a los ochenta años se dijo: “Antes de morirme voy a escribir tres libros”, (dos han sido publicados y el tercero está listo para la imprenta); y que, a los ochenta y ocho años dijo: “Prediqué mi primer sermón hace sesenta y nueve años y acepté mi primer pastorado hace sesenta y cinco años. Nunca he tenido dinero, pero nunca me ha faltado pan, ropa y un techo bajo el cual cubrirme...”
El Campamento Morton es un monumento de gratitud a la fidelidad, al amor, a la dedicación de hermanos como los Morton, los Carpenter, los Suncho Rodríguez, los Cotto Reyes, los Torres; hombres y mujeres que no se repiten, que dedicaron su vida a esta obra, que establecieron las bases de lo que es esta obra hoy. El Campamento se erige para profundizar convicciones, para iluminar experiencias, para afirmar llamados, para fomentar amor y compañerismo, para gestar futuro y para producir “colaboradores de Dios”.