| Reflexión Pastoral |
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La esperanza nos mantiene de pie frente a los desafíos. Alguien me preguntaba en estos días si era posible mantener la esperanza en una época tan difícil como la que se vive en el mundo y el Puerto Rico de hoy, a lo que le respondí: precisamente, es la esperanza la que nos permite caminar hacia delante, con la certeza de que lograremos superar este momento que, aunque difícil, será transitorio. Es evidente, que para muchas personas el estado de su esperanza lo determina las circunstancias por las que atraviesan. El evangelio plantea todo lo contrario, enfrentamos las circunstancias desde la perspectiva de la esperanza cristiana.
El nacimiento de Jesús y toda su vida nos muestra que la esperanza no depende del momento que se vive, ni mucho menos de nuestro estado de ánimo. Es un asunto de convicción. Jesús nació en un momento de hostilidad, vivió constantemente enfrentado por los poderes de la época y murió como un reo. Nada de eso determinó su forma de proceder y mucho menos su vocación en la vida. Es por eso que su nacimiento es recordado en cada Navidad, su vida ha sido fundamento de la proclamación del evangelio a lo largo de la historia y su resurrección es la expresión más contundente de que ni la adversidad, ni aún la misma muerte, tienen la última palabra sobre nuestro bienestar como seres humanos.
Hoy, cuando celebramos la Navidad, renovamos la esperanza, que se fundamenta en el modelo de humanidad que Jesús nos presenta. Un modelo, que no sólo plantea una forma distinta de vivir, sino una perspectiva diferente de enfrentar los momentos difíciles. Un modelo, a través del cual ha quedado evidenciado que Dios está en control de todo y por ello todo obra para bien para aquellos que esperamos en EL. Sobretodo, un modelo que plantea que en Dios siempre hay un día mejor, porque, precisamente, eso es lo que celebramos, que la Navidad es Esperanza. |
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